¿Qué es lo que más pesa, un objetivo político o una cuestión humanitaria, de salud? ¿Por qué exponer a los chicos a golpes de calor por el solo hecho de cumplir con un mandato de 190 días de clases? Está claro que el Gobierno puede tomar las decisiones que considere conveniente en cualquier materia. Y también que los gremios de cada sector fijen su posición al respeto. Pero, ¿alguien toma en cuenta la opinión de los padres de los escolares?

Tal vez los niños deban pedirle a Papá Noel que les dé una mano para terminar bien el año y pasar de grado. Sólo deben escribirle la cartita con cuatro días de anticipación, ya que entonces terminarán las clases. Muchas escuelas tucumanas no tienen las mismas comodidades que las reparticiones públicas, donde suelen tomarse las decisiones políticas. En algunos establecimientos suele faltar el agua y las instalaciones llegan al final del año saturadas.

Nadie duda de que las autoridades de Educación tengan toda la intención de adecuar la política local a las disposiciones nacionales. Pero, ¿no suena a contrasentido exigir que las clases terminen un 21 de diciembre y -a la vez- enterarnos de que el año que viene tendrá 17 feriados, con tres "feriados puentes" y siete fines de semana largos para descansar? El 13 de octubre de 2011, el Consejo Federal de Educación estableció que a partir del ciclo lectivo 2012, las jurisdicciones confeccionarán los calendarios escolares con el objeto de cumplimentar 190 días de clase. Un detalle curioso, el mismo día de inicio de la aplicación de esta norma, previsto para el 27 de febrero, fue feriado (bicentenario de la creación de la Bandera).

Así las cosas, ahora es posible que las maestras tengan poco tiempo para ir a sus casas levantar sus copas, descansar un poco y, bueno, en febrero otra vez a las aulas. Mucho más para aquellos chicos que deban rendir previas y no tengan siquiera tiempo para preparar materias. Claro, la respuesta oficial puede ser "tuvieron todo el año para estudiar". Sería facilista si no se sabe la verdadera historia detrás de cada alumno. Pero, como el resto, esos niños también tienen derecho a disfrutar de las vacaciones, más aún si habitan pueblos tropicales.

Extender las clases hasta cerca de las fiestas no es saludable para los niños. "Aumentar los días de clases no implica compensar los que se puedan perder, sino que se reafirma el valor del empeño y del trabajo constante para alcanzar objetivos significativos entendiendo a la Educación como una herramienta ineludible para el desarrollo del país". Eso es lo que dijo hace más de un año el Consejo Federal de Educación.

Hacia los primeros días de diciembre, la mayor parte de las escuelas ya tienen las evaluaciones integrales listas sobre cada uno de los alumnos que asisten. Este es tiempo de exámenes y niños y padres tratan de repasar lo que aprendieron durante el año. Con 40 grados, uno ya no sabe qué ponerles a los chicos para que asistan al cole. Los golpes de calor son frecuentes, así como los desmayos de niños agobiados. Tucumán no fue así en años anteriores. No en vano -y aquí surge otro contrasentido- las autoridades del Ministerio de Salud Pública han profundizado su campaña de concientización para evitar los males del verano. La hidratación de los niños es difícil en muchas escuelas donde el agua que sale del caño no suele ser potable.

El fin del ciclo lectivo es una parte del problema. Todos quieren cumplir con los objetivos de los 190 días de clases. En febrero arrancan las paritarias y otra vez los padres en el medio de una pelea ajena. ¿Nadie ha pensado en iniciar las negociaciones salariales ahora y que el año que viene las clases arranquen sin trastornos ni presiones? Por el bien de los niños.